5 jun. 2011

La ficción puede superar la realidad

Aquí podéis leer mi primera colaboración en la revista digital CALAMÉO. Ha sido un placer que contaran conmigo. Espero que os guste la revista y mi relato. Abrazos.

http://es.calameo.com/read/0003801484caf2b04331c
La ficción puede superar la realidad

Se dirigió a una de las estanterías de su habitación y tomó un libro al azar entre sus manos…por tenerlas ocupadas de alguna manera. Lo abrió pasando las páginas para darse aire. Un best seller convertido en abanico. , pensó mientras observaba el paso de las páginas a toda velocidad. Lo dejó tirado sobre la cama. Estaba aburrida como una ostra. Llevaba todo el día en pijama deambulando por la casa sin saber hacia dónde mirar. Estaba sola. Se había recogido el pelo con una pinza y se había mirado en el espejo en varias ocasiones ensayando su mejor sonrisa. Tenía unos dientes bonitos, blancos y perfectamente alineados. Fruto de una correcta y prolongada ortodoncia que debía haber costado una buena pasta, pero para eso estaban los padres ¿no? , se dijo.
Era hija única. Tenía unos ojos de color miel que traspasaban y una mirada seductora de la que siempre sacaba su mejor partido. Lo sabía, y sabía cómo y cuándo utilizarla. Parecía una muchacha alegre y jovial, pero sólo ella sabía que en realidad era una pose de la que ya estaba cansada. Había dado vida a su propio personaje, y lo representaba cada día. Por dentro se sentía vacía de sentido y cada vez soportaba una carga mayor que no sabía como desprender de sus espaldas. La historia que había instrumentado casi a la perfección la seguía a todas partes. Por un momento pensó si no había llegado demasiado lejos con todo aquello. Le gustaba llamar la atención, siempre le había gustado. Necesitaba sentirse el centro de las miradas y hasta el momento lo había logrado casi todas las veces que se lo había propuesto.
Miró su móvil una vez más. Ningún mensaje. Ninguna llamada. Llevaba varios días sin saber nada de sus amigas. , dijo en voz alta, mientras se le saltaban algunas lágrimas. Las había llamado a todas y ninguna podía quedar. Parecía que se habían puesto de acuerdo. Estaba conectada a Internet como siempre, pero no había nadie con quien poder conversar. Nadie a quien poderle hablar de aquello…una vez más.

Durante los últimos meses la noticia se había extendido no sólo a su círculo de amigos y amigas, sino a las familias de éstos que se preguntaban, en las ocasiones en las que coincidían, cómo era posible que ni la policía ni sus propios padres no hubieran tomado cartas en el asunto para zanjar aquella pesadilla Era indignante. Según algunas opiniones, todo aquello tenía algo turbio, algo que no encajaba, algo que no parecía lógico, teniendo en cuenta que ni ella misma había visto la cara de su supuesto agresor, a pesar de haberlo tenido a pocos centímetros de distancia en algunas ocasiones.
Aquel miedo había ido invadiendo a sus propias amigas, que al principio de lo que para ellas mismas, más que para Carola, era una auténtica pesadilla en la que no querrían verse, insistían en acompañarla a su casa, pasada la media noche cuando ella les decía que no pasaba nada, que no tenía miedo, que se iba sola. La llamaban cada pocos minutos para asegurarse de que seguía bien. Con el tiempo se habían acostumbrado a su historia y éstas habían sido oyentes pasivas y comprensivas en lo que ya consideraban que pasaba demasiado a menudo. Carola llegaba sonriente y llena de energía, como era ella con su grupo, dando el parte con todo lujo de detalles.
- Hoy me ha llamado un montón de veces. Dice que sabe quienes somos todas, lo que llevamos puesto, cómo nos llamamos, dónde y con quien vamos. Dice que si no me puede dar la sorpresa que me tiene preparada, se la dará a alguna de vosotras. Que ya queda poco.
- ¿Poco para qué?
- Para que le conozca.
- ¿Y no podrías cambiar de número de móvil de una vez por todas?
- No, porque necesitan tener el registro de las llamadas. Además, no hay pruebas porque llama desde números ocultos.
- ¿Hasta cuándo tendrás que aguantar esto? ¿Hasta que un día te de un susto de verdad?
- No sé, contestaba ella encogiéndose de hombros mientras echaba mano a su bolso. – Un amigo me ha traído esto, decía mientras sacaba un spray.
Las miradas soslayadas se cruzaban entre el grupo. Los chicos no le hacían ningún caso. Eran diferentes. Ellas la escuchaban prestándole la atención necesaria. Parecía que se habían acostumbrado a aquellas escenas, que ya se repetían como algo habitual. Carola sonreía y se ponía a hablar de otra cosa, dando por zanjada la cuestión como si no le importara. Ya había causado el efecto deseado. Todos pensarían en ella durante unos minutos, mientras ella se sentía satisfecha por ser la protagonista…una vez más.

Apagó su ordenador y miró el reloj. Las seis y media de la tarde. Apenas había comido nada pero no tenía hambre. , pensó mientras se dirigía a la ducha. Dejó correr el grifo hasta que el agua empezó a salir caliente. Fue a buscar la radio y la puso en su emisora favorita. Se desnudó ante el espejo y observó su cuerpo durante unos segundos. Era un cuerpo joven y bonito, aunque a ella no le gustara demasiado. Se sonrió haciendo un guiño. El agua caía sobre su cara mientras se deshacía la coleta. La ducha era uno de los momentos más placenteros para ella. El agua que recorría su cabeza y su cuerpo la ayudaban a relajarse lo suficiente para seguir adelante. Lo necesitaba. La tensión contenida caía junto con el jabón y desaparecía por el desagüe. Pero solo por unas horas. Sus puestas en escenas diarias alimentaban la tensión con la que vivía desde hacía unos meses.
Llamaron al timbre y Carola no escuchó nada la primera vez. Salió de la ducha y se envolvió en una gran toalla. Buscó otra más pequeña para secarse un poco la cabeza. Le pareció oír el sonido del timbre y se quedó esperando escuchar el sonido de unas llaves. Normalmente su madre se las dejaba en casa o las tenía tan ocultas en su bolso que terminaba dándose por vencida. Se acercó a la puerta sonriendo preparada para abrir. Afinó el oído y solo pudo escuchar un ligero jadeo que traspasaba la puerta. Se quedó parada con la mano puesta en el pomo. De nuevo sonó el timbre y Carola dio un respingo. Se le erizaron los pelos de la nuca. No se atrevía a moverse. De su garganta salió un hilo de voz.
- ¿Mamá? ¿eres tú? Contéstame.
Nadie contestaba al otro lado.
- Si no me dices que eres tú no te abriré.
El silencio era toda la respuesta. Aquella respiración cada vez más intensa, la dejó paralizada. El frío se estaba apoderando de todo su cuerpo. No podía gritar ni moverse en busca de su bolso para coger el móvil y pedir ayuda. De pronto, la puerta se movió delante de ella aporreada por fuertes golpes que provenían del otro lado. Carola se sintió presa del pánico.
- ¡Quién eres! ¡Déjame en paz! ¡No existes! Noooo!, gritó Carola en un arranque de histeria.
Su móvil empezó a sonar y su sonido la hizo reaccionar. Sujetó la toalla que envolvía su cuerpo y se dirigió al aparato dando grandes zancadas por el pasillo que casi la hacen caer. Lo abrió con desesperación esperando que fuera alguna de sus amigas.
- Ábreme la puerta, se oyó al otro lado del aparato. Te estoy esperando…no me moveré de aquí hasta que me abras, dijo una voz rota, de hombre, que penetraba a través de sus oídos. – Te espero. Tengo una sorpresa para ti. Áaaaabreme, repitió la voz.
Carola sintió como sus sentidos se desvanecían y perdía toda la fuerza. De pronto todo se volvió oscuro. Cuando se despertó su madre la miraba con cara de asustada mientras le acercaba una taza de infusión hasta su nariz.
- Era él, era él, balbuceaba Carola intentando incorporarse.
Su madre la miró con los ojos llorosos y la abrazó.
- No pasa nada. Solo ha sido un desvanecimiento.
Carola miraba a su madre sin comprender cómo podía no creerla. Estaba segura de lo que había oído. Cogió su móvil para enseñarle la última llamada que había recibido. Era la de su madre avisándola de que llegaría más tarde de lo habitual.

 PepaFraile 2011

pepafraile@hotmail.com
http://mariajosefraile-pepafraile.blogspot.com

Páginas vistas en total