29 nov. 2011

Conciencia Plena...difícil pero no imposible

Hoy más que otros días, mi conciencia plena está un poco lejos de mí. ¿Por qué? de la A a la Z podría enumerar varias razones que atenderían a la conclusión de que no nos concentramos en aquello que nos ayuda a dar los pasos adecuados cuando los estímulos de nuestro cerebro nos advierten, pero bueno...esto se puede mejorar. UYa se sabe...unos días mejores y otros menos mejores.
¡Chicas!, porque todo somos chicas en este taller. Estareis de acuerdo conmigo en que lo primero es lo primero, y lo demás viene después. Así que venga, aunque sea más fácil escribirlo que experimentarlo vamos allá...Sentarse, sentirse y soltarse. Este ha sido el comienzo de nuestra sesión de hoy, tremendamente bien llevada por esta compañera a la que habrá que darle las gracias una vez más. Y ahí os dejo algunas de mis impresiones, que aunque son completamente subjetivas, son las que yo me he llevado.
Somos algo así como cabezas pensantes (un@s más que otr@s) que reaccionan frente a los estímulos y a casi todo lo que nos pasa. Nuestro cerebro se convierte ante ellos en algo así como en un edificio de cuatro niveles, y en ellos colocamos las cosas de la siguiente manera, al menos es lo que nos ha explicado Pili.
En la planta baja detectamos física o emocionalmente lo que se puede palpar. ¿Quien no se ha caído alguna vez al suelo y por una milésima de segundo lo único que ha experimentado es el asfalto o la tierra pegaga a su cara o a sus piernas? por no nombrar otras partes del cuerpo. La primera planta nos permite clasificar si aquello que nos ha pasado por dentro o por fuera es bueno o malo. ¡Ahhhh! A modo de ejemplo, es como si pensáramos: "Ehh..esto...¿qué me ha pasado?, ostia, que me he pegado una leche..." La segunda planta es la que nos deja valorar la situación: ¿me habré hecho daño?. Actuamos chequeando la situación antes o casi en el mismo instante en el que la cosa ha sucedido. La tercera planta está allí donde nuestro cerebro nos dice que el futuro inmediato es el de levantarnos para comprobar que todo sigue en su sitio y que no ha pasado nada grave, mientras una vocecilla interior, que campa libre dentro de alguna parte del cerebro y comparte piso con el del tercero, nos habla sin cesar, lanzando frases del tipo..."madre mía, que no me haya visto nadie, qué ridículo más espantoso, habrase visto que torpe..." y cosas por el estilo mientras nos giramos para comprobar si estamos solos.
Esa voz parlante nos traiciona de tal manera que en muchas ocasiones, más de las que convendría, nuestros pensamientos van de la planta baja a la última sin pasar por las demás. Mindfulness se convierte en un ascensor que nos permite, si le dejamos subir y digerir, planta por planta, aquello que nos ocurre y de lo que debemos ser conscientes, concentrándonos en cada paso sin saltarnos ninguno de ellos.
Pili, dificilísimo....De momento empecemos por sentarnos, sentirnos y soltarnos.
Gracias por regalarnos un ratito de tu tiempo y compartirlo con nosotras.
Ha estado muy bien...y casi me duermo.
PepaFraile 2011

22 nov. 2011

Conciencia Plena - Mindfullness...

Tengo la suerte de trabajar, de tener un trabajo que me gusta, y de estar rodeada del mejor equipo de trabajo que nunca he tenido. El mérito del respeto, el trabajo en común, las risas y la complicidad hasta en los peores momentos son hechos que nos acompañan en el día a día, hasta aquellos en los que la mayoría de nosotras tenemos los pelos de punta, que también los hay. Habrá otros equipos mejores...o no...pero yo todavía no los he conocido. Lo pienso y lo digo siempre que tengo ocasión.
Hoy, he participado en la primera sesión de un taller que una de mis compañeras de trabajo nos ha regalado, fruto de su formación y su experiencia. Mindfullness. ¿Y qué es eso? Pues bien...tratando de recoger algunas ideas que con mucho acierto han sido expuestas, voy a tratar de explicar mis sensaciones.
Tomar conscienca plena.
Vivimos en un mundo con prisas por llegar a todas partes, con ansia y con estrés, acostumbrados la mayoría de las veces a saltarnos los detalles, porque nos parecen innecesarios. El ser humano se mueve a través de sus pensamientos y éstos se pueden traducir en tres formas de reacción: el ataque, la huída y el bloqueo. ¿Quién puede decir que no los ha usado juntos o separados en alguna ocasión?
El menú que nos muestra nuestra mente, en forma de imagen o pensamiento desde que somos conscientes de todo aquello que nos rodea, que sentimos, que percibimos y que nos pasa, nos da también la capacidad de tomar consciencia de cada uno de esos elementos y concentrarnos en ellos uno por uno, saboreándolos. Pues bien, para muchos esa es una tarea difícil en un entorno en el que estamos más que acostumbrados y programados a interpretar que por encima de racionalizar, priorizar, concentrarse y disfrutar de nuestros actos y de nuestras sensaciones, hay que actuar y resolver. Sin tener en cuenta las consecuencias que muchas veces acaban teniendo esas actuaciones sin reflexión: El estrés.
El Estrés, para cada persona, se puede identificar con cosas distintas, aunque al final el resultado es el mismo: traspasa lo etéreo y se materializa dirigiéndose a nuestro cuerpo. El estrés nos ataca y se manifiesta. También es más fácil identificarlo que corregirlo, dadas las circunstancias que vivimo, hasta sin darnos cuenta, pero este taller nos va a enseñar a mejorar algunas cosas. Estoy segura.
Tomar conscienca plena de nuestro propio cuerpo, de aquello que escuchamos, que tocamos, que sentimos, que olemos y que comemos.
Aunque pueda parecer una nimiedad y, todo hay que decirlo, con la coña correspondiente de todas las asistentes al taller, nunca antes de hoy había tenido tanto tiempo una baya tibetana en mis manos, ni la había olido tanto, ni la había mirado tan fijamente, ni había tardado tanto tiempo en comérmela cuando me la he echado a la boca. Un verdadero ejercicio de paciencia en el que hemos tomado consciencia de cuántas cosas pasamos por alto en nuestras vidas y de cuantos pasos nos saltamos sin ser conscientes de ello.
Pili, eres una excelente compañera y mejor persona. Eso te hace más grande, aunque ya sabes que hay otras que te ganamos en estatura, a lo alto y a lo ancho.
Creo que lo puedo decir en nombre de todas las que hoy hemos disfrutado de este rato contigo. ¡GRACIAS!
PepaFraile 2011

19 nov. 2011

Sin más...

Ramas rotas
Corro a través de mis recuerdos
en busca de algo que me sujete a tí.
Respiro, me paro, abro los ojos
y te veo ahí.
Dulce sonrisa sin acabar, rostro inexperto,
y en tu mano,
un puñal de azúcar que se clava dulcemente en mí.
El tiempo no se acaba y tu imagen se desvanece una vez más
evaporando con ella mis anhelos.
La persigo.
Mil veces, un millón, el infinito, hasta siempre.
Trato de ahuyentar la niebla que espesa mis sentidos
que nubla mi razón hasta el ahogo.
Una y otra vez trato de escucharte inutilmente.
Tus razones sin razón se lanzan contra mí sin contención
y entonces,
vuelvo atrás buscando tu inocencia, tu sonrisa, tus abrazos.
Mis ramas
tantos años sostenidas en el aire esperándote
sobreviven desgastadas.
En ellas brotan nuevas hojas que gritan un te quiero mudo,
capaces de albergar todos los años,
los vividos, los recordados y los que quedan por venir.

PepaFraile 2011

8 nov. 2011

HIJA...ME GUSTAS MUCHO. Y TU A MÍ TAMBIÉN.

No voy a reproducir la breve conversación que hoy he mantenido con una de mis hijas porque de lo contrario...me mataría, muerta de la muerte, pero tengo que decir que me ha encantado.
Lo cierto es que convivir con adolescentes, para aquellos que lo saben, es la cosa más difícil que me he echado a la cara desde que tengo uso de razón. Cualquier tiempo pasado fue mejor, os lo aseguro.
Desde hace algunos años vivo en la permanente confianza de que las cosas, cuando no van bien, siempre pueden ir mejor, y eso me levanta el ánimo muchos días en los que la cabeza me da vueltas hasta el infinito y más allá...Una que por suerte es optimista muchos días. Los adolescentes son una fuente de energía inagotable y sorprendente. Eso sí, no volvería a la adolescencia ni por todo el oro del mundo...bueno sí... puntualmente si con ello volviera a ver en el espejo una cara ausente de arruguillas(siendo condescendiente conmigo misma) y un cabello ausente de canas...y alguna otra cosa que no viene al caso,pero claro, todo un tiene un precio...y la edad, como escuché un día por ahí es un trofeo que uno le gana a la vida cada día que se levanta, respira, se ríe, vive y convive.
El caso es que los adolescentes te enseñan mucho. Mucho más de lo que ni ellos mismos saben que te están mostrando con sus palabras, con sus silencios y con sus actos. Muchos días, casi todos, lo cotidiano se llena de ejercicios de equilibrio, las prisas se llenan de nervios, las preocupaciones se alimentan de intuiciones que una no querría tener por eso de pertenecer al género femenino. En ocasiones, los pasillos se llenan de gritos y, por suerte, las recompensas se llenan de sonrisas silenciosas y sonoras...en fin, el día a día.
En esa época de la vida en la que los padres acabamos siendo casi siempre el enemigo, en la que luchar contra dragones para convertirse a toda costa en los héroes que algún día fuimos es una constante y en la que parecemos el banco de españa, cuando una corta pero produnda conversación finaliza con las frases: - Hija, me gustas mucho. - Mamá, tú a mí también, la sonrisa aparece en tu cara como si te hubiera tocado la lotería, una lotería del corazón que no tiene más palabras. Solo una honda respiración de orgullo pensando...esa es mi niña.

PepaFraile 2011

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