1 jun. 2013


REFLEXIONES EN LA SOMBRA…



Os dejo aquí mi participación en la Revista Justa de este mes. Una revista que contagia al mundo la pasión por leer. Espero que os guste.



Intuyo venir la sombra amenazante hacia mí y me hago transparente. Presentimiento. Percibo su embrujo y su ansia por tenerme. Me conoce, saben dónde habito. Contengo la respiración que agita mis sentidos y me ausento. No puedo. Lo sé, debería ser más valiente, pero el viento se llevó toda la esperanza y ahora solo me queda el pasado que surca sin piedad en mi recuerdo. Una estela poética, una tela de araña, una sombra traidora que refresca mi memoria y me clava un puñal mientras sonríe, que castiga los recuerdos imborrables de mi vida y los clava cual estaca en mis entrañas.
Me siento pequeña, me disfrazo y me escondo, paso página, cierro los ojos inútilmente, roza mi cuerpo a su paso, respiro tomando profundamente, me arrojo al precipicio, atrapo la luz, emprendo el vuelo y por fin desaparece.
Una sombra que me ahoga sin respiro, un borrón, un suspiro que me alcanza hasta el ahogo. Sé que me espera escondida, la despisto y le sonrío.
Todavía recuerdo aquella última noche en la que su cuerpo me abrazó como una sombra, lívido, etéreo, falto de textura definida. Aquel instante en el que sus besos fundieron mi alma para siempre. No he vuelto a verlo y no querría…aunque no es cierto, ella lo sabe. Desde aquel día en el que mundo se hizo gris para siempre, me obligué a vivir su falta. Convivo con su ausencia entre mis sombras. Ellas me acompañan sin culparlo. Te busco incesante, implorando tu presencia. -¿Dónde estás? –grito inútilmente. – ¡ya no te necesito! –miento removiendo mis pupilas. Y no es cierto. Y lo sabe. Su rostro se desdibuja en mi memoria.
Agito los brazos hacia ti en un esfuerzo inútil de arrancar el tiempo de tu gesto y volver a entonces. Desespero y vencida ante la nada te despido para siempre. Suspiros sin materia. Un lugar, un destino, una historia inacabada.
Ahora, después de tantos años, las sombras son el pasado, el elemento, el lado oscuro, el alimento de una desdicha, un nombre, el rastro, el miedo al reflejo ante un espejo, el yo, el desencuentro, el cuarto oscuro, la conciencia, el inconsciente, el patio de atrás, la duda, la renuncia, lo que se esconde detrás del alma y del pensamiento, la desesperación de lo que pudo haber sido y se fue.
Ahora, por fin veo la luz y con ella la metáfora perfecta que devora para siembre tu figura, la penumbra que desdibuja tu rostro, la puerta abierta que me impulsa, la sonrisa que alimenta mis frágiles recuerdos, el tiempo efímero, el fue, el nunca más, el hasta siempre silencioso que descoso para liberar mi propio asombro.

Las sombras forman parte de nuestra existencia y de nosotros mismos y han dado innumerables muestras de su propia luz en la historia, en el arte, en la literatura, en lo cotidiano y en lo divino, en la vida y en la muerte.
Mas allá de las tan famosas cincuenta sombras de Grey que supuestamente todos conocemos, habiéndolas contado o no para su comprobación, también podemos hablar de otras sombras. Las sombras buenas y las sombras malas, las que describen misterio, las que viven en nosotros y también las que pueden convertirse en aliadas cuando nos miran de frente.
Cuando decimos que alguien no es “ni sombra de lo que fue” queremos expresar el recuerdo de alguien que ya no se parece en nada al que conocimos, que ha desaparecido para dar lugar a un “resto” que se proyecta ante nuestros ojos.
Cuando pensamos de alguien “está en la sombra” interpelamos a la pérdida de la libertad y el protagonismo, relegándolo a la oscuridad. Muchos son los que pasan largas temporadas en su vida viviendo en la sombra, aguardando el momento en el que la musa aparezca nuevamente con su antorcha victoriosa.
“Vivir en la sombra” es vivir en el lado oscuro. Todos lo tenemos. Es cuestión de conocerlo y cederle el espacio que necesita para convertirse en nuestro aliado. Nadie es perfecto.
Si alguien desencadena en ti y en tus palabras “La sombra de la duda” caerá sobre él o ella la sospecha velada, la desconfianza que aparece de soslayo.
“Hacerle sombra a alguien” no está bien visto aunque sea una práctica más habitual de lo deseable. Con ella se trata de minimizar los méritos del otro. Sin embargo si nos ponemos “a la sombra” de alguien buscamos su protección, un cobijo bajo el que resguardarnos. Huye de aquel que tenga “mala sombra”. Sus propósitos no serán claros. Si “tu sombra te persigue” no te asustes Es inevitable. Se cosió a ti el día que naciste.
Generalmente la sombra incorpora acepciones negativas y con una fuerte descarga que no indican otra cosa que las propias inseguridades. Cuando alguien no se fía ni de su sombra todo queda dicho. La canción, la narrativa, la pintura, el séptimo arte, la poesía, la arquitectura, todos han alcanzado las sombras. Asombroso.


PepaFraile 2013 

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