9 ene. 2013

UN FLECO Y UNA SONRISA
Tengo que reconocer, ahora sí, que los últimos no han sido días muy buenos. Ni por esto ni por lo otro, sino por lo de más allá. Hoy sin embargo, he colgado el teléfono sin abandonar la sonrisa que ha aparecido en mi cara y que no quería marcharse. Guai. 
Alguien, con quien hablaba por primera vez , me ha dicho entre risas y casi de sopetón: -es que yo soy un fleco -. - Perdón, ¿un qué?- he repetido yo con toda la intención de enterarme. 
 Por un momento he pensado que se trataba de alguna de esas llamadas "trampa", como yo las denomino. Sí, sí, haberlas haylas. ¿Un fleco? he vuelto a preguntarme sin perder el hilo de la conversación. 
El caso es que hemos hablado de lo que teníamos que hablar. A saber, de las posibilidades de colaboración, de qué hacíamos nosotros, de qué hacían ellos, de las aportaciones comunes, el trabajo colaborativo y todas estas cosas interesantes que hacen mis días laborales bastante amenos. Casi siempre lo son y es una suerte que valoro como se merece. 
 Me he reído mucho porque sin venir a cuento, como tantas otras veces, por suerte, me encuentro personas con las que conecto y desprenden un aire limpio cargado de energía positiva y ganas. Y eso llega aunque sea a través del hilo telefónico. 
A una conversación en la que no había más intención de la de intercambiar información empresarial se han sumado los flecos de una conversación que bien podrían haber tenido una par de buenas conocidas. Si esa mujer era el punto que llega a buen puerto, un cabo suelto o un recurso de su propia empresa, muy bien empleado por cierto, no lo he logrado saber. Pero puedo asegurar que me ha levantado los ánimos haciéndose valer de unas risas que hemos intercambiado sin conocernos de nada. 
Eso...no tiene precio. Por lo demás todo bien...gracias. 
PepaFraile 2013

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