1 mar. 2013


CREATIVIDAD VERSUS ANÁLISIS

Estos últimos días he asistido a varias conferencias en las que se habla de comunicación, creatividad, emprendedoría, mapas mentales, capacidad, divergencia y un largo etcétera de conceptos que corren por mi cerebro cocinándose para mí y para mis proyectos.
Forma parte de "lo mío", de una más de las cosas que me gustan en mi trabajo y en mi vida cotidiana. ¿Cuándo empezamos a perder capacidad creativa? Según los estudiosos del tema esto es algo que sucede a medida que nos hacemos mayores, cuando vamos matando poquito a poco esa capacidad de inventar, de desbarrar, de ser incorrectos, de decir justo lo que NO pensamos en el momento "más inoportuno". Un niño es una mente libre, un adulto puede acabar siendo el mejor prisionero de sí mismo. Un adulto se empeña y se empecina en analizar, en poner juicio donde a lo mejor los hechos y los objetos solo suceden o están. No damos paso ni al tiempo, ni al reposo, ni al devenir.
Echándome unas florecillas encima, creo que los que escribimos casi a diario nos merecemos un pequeño plus ya que con nuestras historias dejamos volar nuestra imaginación hasta esos mundos paralelos que recreamos con nuestras letras. Y no porque expliquemos historias que pueden no suceder, sino porque aprendemos a concatenar pedazos de realidad y de invención que nuestras manos transcriben en una pantalla o en un papel y que, con suerte, leerán otros y otras. Tengo muy presente que la realidad supera la ficción muchas más veces de las que nos pensamos. Doy fe.
Sin entrar en el generalismo extremo, se ve que al crecer vamos perdiendo la capacidad de observar, de escuchar, de sentirnos satisfechos con lo que hacemos y de hablar haciéndonos entender. Eso acaba derivando en una insatisfacción que acabamos paseando en nuestras caras y que no nos lleva a otro sitio que a uno que huele...pero que muy mal.
Una de las preguntas que me asalta estos días con mayor frecuencia que las otras es la siguiente. Bueno, más que una pregunta es una disyuntiva que me tiene comido el seso y que, viniendo de mí, tengo que empezar a controlar cual "monstruo" en pleno desarrollo antes de que éste acabe con mis fuerzas. Cualquiera que me lea podrá comprobar que todavía conservo un poco de esa sangre andaluza que conformó la concepción de mi persona mi código genético.
Total, que la disyuntiva por por estos tiros: ¿Qué quiero yo, que mi primera novela publicada sea leía por muchisísisisisimas personas? La respuesta es fácil ¿no? Pues claro. Aquí entramos en otro berenjenal (con jota no?). ¿Qué tengo que hacer para que esto suceda? Ahí es donde me asaltan las ansias de encontrar una respuesta que sume el conjunto de condiciones que, consciente o inconscientemente, me he impuesto. ¿Dónde está aquí la gracia? En escucharte, en des-imponerte, en dejarte llevar y en poner toda la carne en el asador sin que con ello me churrasque yo, y en sentirme satisfecha plenamente de todo el camino que he recorrido hasta hoy, que no es poco. La creatividad crece cuando el análisis desaparece.
Las siete verdades de Elena es un libro más de los millones que hay actualmente en el mercado eletrónico, pero a diferencia de los otros, resulta que éste es el mio. Y me gusta mucho. Qué digo mucho...¡muchísimo! A lo largo de mis años, desde muy pequeña he leído montones de libros buenísimos, y los que me quedan, pero el mio es mío. Es mi primer tesoro.
Ala, a relajarse, a disfrutar y a seguir escribiendo...a ello me pongo ¡Ya!. ¿Mi próximo título? Solo os diré que la protagonista es Amalia y tiene un secreto guardado...como todas mis protagonistas. ¡Me encanta!
Pepa Fraile 2013

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