14 abr 2012

Frustación...

Tengo ganas de gritar, pero no puedo...
O sí, pero en cada intento se me corta el aliento y una punzada atraviesa a través de mí cortándome el aire.
En esos momentos me ahogo paralizada, busco, araño, pero no encuentro...
La furia se apodera de mí para dejarme vacía de nuevo en un momento.
No llego a tí por más que lo intente.
A quien contar, a quien decir...a nadie.
A tí, que lees en silencio, mientras yo intento aplacar mi angustia reflejando en unas letras que todo es oscuro por un instante.
Sé que más tarde amanecerá...como otras veces.
Que la fina distancia entre nuestros mundos enfrentados se hará más gruesa...como otras veces.
Que el amor que siento por tí volverá, incondicional, a devolver la sonrisa que siegas sin querer tantas veces...
No hay nada que demostrar.
Ahora te toca a tí.
Yo te he querido siempre.

20 mar 2012

Una enseñanza digna...pero también coherente

Hay cosas que "se entienden" y que deberían NO entenderse.
Vaya por delante que mi postura frente a todos los que se dedican a la enseñanza es de admiración y valentía en los tiempos que corren. Pero en ocasiones, me cuesta mucho morderme la lengua ante algunos comentarios y experiencias que me confirman, por lo bajinis, que las cosas no van bien.
Dando por sentado que muchos jóvenes y jóvenas de hoy en día pescan los argumentos al vuelo y miran hacia otro lado cuando se les pregunta cómo ha ido la evaluación, mientras buscan la manera de decirte un "bueno..." que podemos interpretar como un rotundo "mal", tengo que decir que vale la pena escuchar sus explicaciones, siempre con reservas, frente a algunos despropósitos que hoy en dia parecen ser normales.
Me explico.
"Se entiende" que asistir a clase cada día, hacer los deberes y no escupirle el chicle al profesor sube la nota final de un trimestre. Creo que esto no deberia entenderse. Ni mucho menos. ¿acaso cuando eres adulto te pagan más por ir cada día al trabajo? Noooo. Se supone que te pagan para eso.
"Se entiende" que de un grupo de más de veinticinco alumnos solo apruebe el 15% de la clase. Esto no debería entenderse.
"Se entiende" que para que las estadísticas de un centro de enseñanza no perjudiquen el buen hacer del equipo docente ni sus directrices generales, sólo suspendan el curso a un pequeño porcentaje de alumnos y éstos vayan arrastrándose por las aulas, año tras año, hasta que llegan, con suerte, a algún programa que de cualificación para la inserción u otros similares. Creo que esto no debería entenderse. Ni mucho menos.
"Se entiende" que, (tengo la esperanza que en pocas ocasiones)si un alumno va a cursar un ciclo formativo o bachillerato, el tratamiento con el que se evalúa sus resultados sean distintos, y aquí creo que todo el mundo entiende, sin que yo lo diga, que algunas cosas no han cambiado en absoluto. Este supuesto tratamiento diferenciador no debería entenderse, ni mucho menos.
Todos los que somos padres, tenemos la suerte de trabajar y la cabeza mínimamente amueblada podemos entender que los maestros, igual que los médicos, los barrenderos y las pescateras, son personas humanas que tienen dias mejores y días peores. El problema es que cuando traspasamos la barrera en la que el resultado de lo que pase, a corto y a medio plazo, nos da lo mismo, porque ya estamos hasta la narices, podemos incurrir en una falta de coherencia como la copa de un pino. El maestro, en todo su derecho de sobrevivir a las circunstancias, aplicará la ley de "pa qué me voy a molestar", el médico, recibiendo muchos más pacientes de los que debería recibir, aplicará la ley de recetar el mismo jarabe a discreción, "peti qui peti" (explote quien explote), el barrendero, harto de cobrar una miseria, se esconderá entre los coches y hará ver que está barriendo,mientras las calles continúan hechas un asco y la pescatera, que aparentemente te estará poniendo su mejor género, te venderá un resto de anteayer en cuanto te des la vuelta en busca del monedero.
Tenía que expresarme...y me dejo muchas cosas en el tintero...para otro día.
PepaFraile 2012

4 mar 2012

A saber...

- ¿Eres amiga suya? - preguntó ella con cara de circunstancias aunque convencida de saber la respuesta. - No - contestó él tan rápido como aquella pregunta había llegado hasta sus oídos. - ¡Gracias!- replicó ella con una sonrisa. Demasiadas verdades, pensó ella al darse cuenta que a penas hacía unos minutos que se conocían, pero no le importó demasiado. Ya no.
- Pero ella no era así antes - aclaró él después de dar un trago a su tónica - tratando de dar alguna explicación que nunca llegó a producirse.
De vuelta a casa, Jimena recordó aquella breve conversación cruzada ante la presencia de otras miradas, en la que habían salido a relucir demasiadas personas que todavía le causaban añoranza, rechazo, dolor y desconcierto. ¿Cual puede ser el motivo por el que alguien que "antes no era así" ahora no tenga pudor en mostrar su miseria ante los demás, dejando escurrir bajo la manga las cartas que la ayudan a ganar y sonríe cada vez que recuerda los beneficios que su efímera posición le reporta a cualquier precio?. Mientras expulsaba el humo de una calada recordó una de las primeras frases que había cruzado con él. -No tienen piedad, esa gente no tiene piedad si no eres de los suyos. Dejó de tatarear la canción que sonaba en la radio del coche y se centró en aquellas palabras, una por una. Dibujó una sonrisa y elevó al máximo el volumen de la música. Mientras cantaba a voz en grito saboreó la satisfacción de no ser uno de los suyos.
PepaFraile 2012

11 ene 2012

Caricias de un extraño

La vida la había alcanzado a los cincuenta años. Carolina tenía una carrera universitaria, dos trabajos, un ex marido del que nunca debió de enamorarse, una buena dosis de amargura a sus espaldas y un hijo del que se sentía orgullosa, aunque esto último trataba de ocultarlo bajo una apariencia de madre dura que se empeñaba en mostrar a los demás. Pero él era su ojito derecho.
En su ordenada existencia había espacio para la rutina, para el pesimismo y la resignación sin imaginar que, a partir de aquella tarde de otoño, todo iba a cambiar mucho más de lo que jamás se habría atrevido a soñar.
Aquella mañana despertó empapada en sudor después de apagar el despertador a golpes de manotazo mientras maldecía la hora una y otra vez. La noche había estado plagada de sueños agitados que, uno tras otro, la habían llevado al mismo sitio. Un lugar desconocido en el que unas manos ágiles, una mirada penetrante y una boca húmeda y anónima paseaban por su cuerpo desnudo recorriendo todos los secretos que nadie había sabido explorar hasta entonces. Aquellas caricias le brindaban un placer desconocido que la excitaba hasta hacerla temblar bajo las sábanas. Malhumorada y despierta, se sentía traicionada una vez más por la vida. Las suyas habían sido oportunidades a medias en las que nunca había disfrutado de la satisfacción plena. Ahora, se sentía más sola que nunca, pero estaba segura de que aquellas sensaciones existían de verdad, y quería sentirlas despierta. No se había atrevido a decirle a nadie que, a su edad, después de un matrimonio fracasado y haber tenido un hijo no sabía si había tenido un orgasmo alguna vez en su vida. Ni siquiera había tenido que fingir en su relación, en la que ambos habían determinado que posiblemente era frígida, porque él, su compañero, se servía de ella hasta colmar su propio deseo sin ofrecer nada a cambio. Con ese firme propósito, se metió en la ducha y dejó caer el agua por su cabeza hasta asegurarse que aquel calor sofocante del que todavía podía sentir un leve rastro se deslizaba por completo por el desagüe y dejaba de atormentarla.
Por la tarde, salió del trabajo decidida a dar el paso. Más allá de parecer una pervertida, sus temores nacían en no saber qué decir desde el mismo instante en que sus pies la llevaran hasta el mostrador en el que le preguntarían qué se le ofrecía. Iba ensayando la respuesta a aquella pregunta igual que un niño recita las primeras veces la tabla de multiplicar temiendo equivocarse. < ¿Qué se le ofrece?, - venía a comprar un consolador >. < ¿En qué la puedo ayudar? - Venía buscando algo para mí, un vibrador…>. Procurando el anonimato se había desplazado hasta el otro extremo de la ciudad. Eran casi las ocho de la noche. Se paró en el escaparate de la dirección indicada, discreto y poco sugerente, como siempre había imaginado. Miró su reloj en un acto reflejo, empujó la puerta hacia adentro y entró. Carolina se agarró a su bolso, tragó saliva y siguió caminando con paso firme hasta dar con el mostrador que había al fondo de aquel espacio lleno de vitrinas y algunos póster de damas y caballeros ligeros de ropa que enseñaban en sus manos y en algunas partes de sus cuerpos objetos que para ella eran completamente desconocidos. No había nadie y empezó a ponerse nerviosa. Cuando estaba a punto de darse la vuelta y volver sobre sus pasos escuchó que alguien decía: - Un segundo, vengo ahora mismo. Era la voz de un hombre, algo con lo que absurdamente no había contado. Escuchó que se acercaban hasta ella y entonces lo vio. Alto, moreno, atlético, vestido con una camisa entallada que resaltaba todos su músculos, enfundado en unos tejanos y oliendo al séptimo cielo. Casi se cae de espaldas. Los ojos de aquel hombre la perturbaron al instante mientras él la miraba descaradamente regalándole una sonrisa. Apoyó las manos sobre el mostrador e inclinó su torso hacia adelante mientras ella sentía el latido de su corazón agitando su blusa.
- Pensaba que no vendrías.
- ¿Cómo dice? Respondió sorprendida. ¿Nos conocemos?
- Si y no…- contestó muy lentamente.
- No le entiendo. Es igual, no se moleste, ya volveré otro día.
- ¿Pasarás un día más sin saber la verdad?
- ¿Qué verdad?
- La que todavía no conoces y yo te puedo enseñar.
El hombre salió del mostrador y se dirigió hasta ella acercándose a su oído.
- Sólo tienes que pedírmelo. Soy aquel que aparece en tus sueños y quiere hacer realidad todos tus deseos.
Carolina lo miró fijamente y sonrió. Acercó su boca hasta él, cerró los ojos y se abandonó a su voluntad, estremeciéndose en cada caricia que su cuerpo sentía bajo aquellas manos que tanto había deseado conocer.
Sonó el timbre que anunciaba una nueva visita. Carolina luchó contra él y se negó hasta que sus manos dieron el último golpe al despertador que cada mañana le recordaba que aquellas manos la esperarían una vez más.

 PepaFraile 2012

31 dic 2011

EL FINAL Y EL PRINCIPIO

Finaliza un año en el que he visto hechas realidad algunas de mis mayores ilusiones, en el que he podido disfrutar del amor de los míos, en el que he reído y llorado al lado de aquellos que me quieren, en el que he sentido rabia, admiración, impotencia y fuerza.
Finaliza un año, que como todos, encadena un nuevo periodo en el que volveremos a empezar contando los días que quedan para alcanzar una fecha, un evento, un propósito, un encuentro...El final es la muerte, y así lo siento sin poder evitarlo. El principio es el nacimiento, la esperanza, la vista puesta al horizonte en busca de nuevas aventuras. Y así lo siento también desde el mismo momento en el que como cada año, y a duras penas, sigo la pauta de las agujas del reloj que marcan que un nuevo periodo muere mientras otro nace y llega con fuerzas renovadas buscando su sitio en la espiral de la vida.
PepaFraile 2011

23 dic 2011

SOLO TIENES QUE PEDÍRMELO...

Ayer, volviendo de unas gestiones mientras corría calle arriba como una posesa en busca del coche para volver a casa iba pensando en cómo la vida gira a tu alrededor, y en cuantas veces nos convertimos en la ficha que da vueltas y vueltas en la ruleta de la suerte buscando el sitio donde pararse.
Con la mirada perdida y el pensamiento clavado entre la pena y la rabia giré la vista hacia una pila de libros que había en la callejunto a unos contenedores. Me sorprendió y me indignó un poco. ¿quién puede tirar los libros de esa manera?, pensé casi esquivándolos. Juro que me hubiera parado, pero llegaba tarde y mucho me temía que iba a encontrarme una linda multa en el coche. Solo pude leer uno de los títulos: "Sólo tienes que pedírmelo". Y pensé ¿por qué no?. Y pedí y pedí hasta llegar a mi casa.
Han pasado 13 días desde que recibí una noticia que me ha tenido herida todo este tiempo, preguntándome una y otra vez por qué. Después de más de siete años, la empresa decidió no renovarme el contrato. ¡Zasca!...como diría una de mis compañeras. ¿Las razones? Tan poco creibles y ensayadas frente a un espejo, cual protagonista de un cuento infantil, que me supieron igual que un trago de sal y limón ofrecido con un gesto de compasión mientras te giran la espalda.
Las cosas no salen siempre como queremos, y lo sé. Pero en muchas ocasiones, cuando crees que el mundo gira de pronto en contra tuya sin previo aviso, necesitas agarrarte a los brazos de quienes te ofrecen su cariño. Y durante estos días he tenido muchos brazos a los que agarrarme. Eso es una suerte. ¡Si señor!
Tengo mucha suerte en la vida. Disfruto cada día en los que la salud me permite trabajar y hacer muchas cosas que me gustan. Disfruto de mi familia, de sus logros, de mis "compamig@s", y de tantas cosas que solo nombrarlas llenarían un libro. Y para eso también tengo cuerda. Quiero que todo el mundo sepa que he compartido muchos años con el mejor equipo de trabajo que he conocido hasta ahora. Y lo suscribo, como diría...
Hace 12 días, los mismos, inicié un proceso de selección para trabajar haciendo lo mismo que he hecho hasta hoy en otra empresa: asesorar personas que quieren iniciar su aventura como empresarios.
Hoy, el día en el que me he despedido de mis compañer@s, los que me han demostrado que todavía hay mucho en lo que creer y que hay muchas cosas que merecen la pena...me han dado una notica. ¡Qué fuerte! Fortísimo. Un notición. ¡Vuelvo a tener trabajo! Y empiezo el día después de quedarme sin el anterior. Esto sí es un auténtico premio gordo...pero de los buenos.
Si tuviera que definirme, cosa que es dificilísimo, no porque yo sea rara, sino porque uno no pone la distancia necesaria para verse la mayoría de las veces, diría que soy una persona imperfecta, como todas las que he conocido hasta el momento, pero trabajadora, entusiasta y una buena corredora de fondo. Quien quiera suscribir, disentir o añadir algo al respecto tiene todas las letras del alfabeto a su disposición...
Cuando sea capaz de digerir todos los sentimientos, las sensaciones, los desvelos, la fatiga, el llanto y la alegría que se han encontrado en mi cuerpo y y mi corazón en apenas dos semanas...arderá Troya. Pasados esos días respiraré hondo, miraré hacia adelante, pisaré firme, y lo daré todo...como me gusta hacer cuando apuesto por quienes han creído en mí.
En la vida lo mejor es sumar. Y en esta nueva etapa que comenzaré en unos días estoy completamente segura que seguiré sumando personas, proyectos, retos y satisfacciones.
El título de ese libro, con el que casi me tropiezo ayer, fue una más de las señales, presente, discreta, como tantas otras que a buen seguro dejamos pasar delante de nuestras narices sin darnos cuenta. Las otras, las señales que me han dado todos los ánimos del mundo en estos días y han volcado toda su energía deseándome lo mejor...tienen nombre y apellidos. Gracias chic@os. Lo sabeis: Os quiero mucho!
PepaFraile 2011

29 nov 2011

Conciencia Plena...difícil pero no imposible

Hoy más que otros días, mi conciencia plena está un poco lejos de mí. ¿Por qué? de la A a la Z podría enumerar varias razones que atenderían a la conclusión de que no nos concentramos en aquello que nos ayuda a dar los pasos adecuados cuando los estímulos de nuestro cerebro nos advierten, pero bueno...esto se puede mejorar. UYa se sabe...unos días mejores y otros menos mejores.
¡Chicas!, porque todo somos chicas en este taller. Estareis de acuerdo conmigo en que lo primero es lo primero, y lo demás viene después. Así que venga, aunque sea más fácil escribirlo que experimentarlo vamos allá...Sentarse, sentirse y soltarse. Este ha sido el comienzo de nuestra sesión de hoy, tremendamente bien llevada por esta compañera a la que habrá que darle las gracias una vez más. Y ahí os dejo algunas de mis impresiones, que aunque son completamente subjetivas, son las que yo me he llevado.
Somos algo así como cabezas pensantes (un@s más que otr@s) que reaccionan frente a los estímulos y a casi todo lo que nos pasa. Nuestro cerebro se convierte ante ellos en algo así como en un edificio de cuatro niveles, y en ellos colocamos las cosas de la siguiente manera, al menos es lo que nos ha explicado Pili.
En la planta baja detectamos física o emocionalmente lo que se puede palpar. ¿Quien no se ha caído alguna vez al suelo y por una milésima de segundo lo único que ha experimentado es el asfalto o la tierra pegaga a su cara o a sus piernas? por no nombrar otras partes del cuerpo. La primera planta nos permite clasificar si aquello que nos ha pasado por dentro o por fuera es bueno o malo. ¡Ahhhh! A modo de ejemplo, es como si pensáramos: "Ehh..esto...¿qué me ha pasado?, ostia, que me he pegado una leche..." La segunda planta es la que nos deja valorar la situación: ¿me habré hecho daño?. Actuamos chequeando la situación antes o casi en el mismo instante en el que la cosa ha sucedido. La tercera planta está allí donde nuestro cerebro nos dice que el futuro inmediato es el de levantarnos para comprobar que todo sigue en su sitio y que no ha pasado nada grave, mientras una vocecilla interior, que campa libre dentro de alguna parte del cerebro y comparte piso con el del tercero, nos habla sin cesar, lanzando frases del tipo..."madre mía, que no me haya visto nadie, qué ridículo más espantoso, habrase visto que torpe..." y cosas por el estilo mientras nos giramos para comprobar si estamos solos.
Esa voz parlante nos traiciona de tal manera que en muchas ocasiones, más de las que convendría, nuestros pensamientos van de la planta baja a la última sin pasar por las demás. Mindfulness se convierte en un ascensor que nos permite, si le dejamos subir y digerir, planta por planta, aquello que nos ocurre y de lo que debemos ser conscientes, concentrándonos en cada paso sin saltarnos ninguno de ellos.
Pili, dificilísimo....De momento empecemos por sentarnos, sentirnos y soltarnos.
Gracias por regalarnos un ratito de tu tiempo y compartirlo con nosotras.
Ha estado muy bien...y casi me duermo.
PepaFraile 2011

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