2 oct. 2013


EL COLOR DE LOS PECADOS



¿Se han parado a pensar alguna vez cómo, a lo largo de la historia y en todas sus manifestaciones, los colores identifican sentidos, estados de ánimo, tendencias, movimientos sociales, estilos de prensa y literatura y hasta planetas? Seguro que sí.
Y como no. Los pecados no iban a ser menos.
El vicio, trasladado al extremo del deseo desmesurado que crece en nuestras mentes hasta devorar nuestras virtudes, toma forma y color. También hay que reconocer que los vicios, esos a los que denominamos mientras esbozamos una ingenua sonrisa con la que queremos justificar  su existencia, “pequeños” se cuelan impunemente entre nosotros vestidos de bufón inofensivo.
Sin deseos de frivolizar lo que ya está escrito, que es mucho y bueno, y aprovechando la ocasión para quitarle hierro al hecho casi palpable de que vivimos en una sociedad en la que esos vicios o pecados que llamamos capitales brillan por su existencia, párense a pensar cómo nuestra sociedad, en todos sus estadios, consciente o inconscientemente, los croma, tinta y matiza lavándolos,  aclarándolos, dándoles brillo, poniéndoles un lazo y los sacan a pasear frente a atentas miradas que los observan pasivamente mientras ven justificada su presencia.
Pongamos algún ejemplo.
Y como se suele decir: “Para gustos los colores”. Hasta las interpretaciones, ya que constituyen un amplio espectro de análisis según la disciplina de la que estemos hablando. Remitámoslos por esta vez, al saber popular:
“Estar verde de envidia”. ¿Tiramos la primera piedra? No seré yo quien lo haga. Sabiendo  que no en todas las culturas el significado de las expresiones nos lleva a las mismas interpretaciones, casi todos habremos escuchado, practicado o sufrido dicha manifestación en mayor o menor medida.
La pregunta es: ¿Por qué se asocia este color a uno de los vicios más extendidos en nuestro planeta? Cabe apuntar que el verde es un color manifiestamente relajante, símbolo de la esperanza, de la juventud, del crecimiento, de la vida y de la naturaleza que nos envuelve. El verde es frescura. Se asocia a la salud y a la fertilidad.
Y al mismo tiempo también sabemos que el verde es el color de la hiel. Hablamos de un verde claro. Claro está. La hiel amarillea, verdea, amarga, huele, descompone.
La envidia verde mata la felicidad. La envidia crea adicción. La envidia desprende, incluso inconscientemente, avaricia y desdicha. De ahí que la avaricia esté habitualmente relacionada con el color amarillo. Amarillo verdoso.
Son los pecados capitales, los que parten del individuo y se extienden al colectivo hambriento de pecar en un deseo de vivir la vida de los otros, de faltar a su propia realidad ignorándola  mientras pasan por encima de ella pisando sin piedad.

La envidia. Explícita y transparente. Implícita y opaca. Quienes la alimentan y quienes la padecen. Esa es la cuestión. Se trata, bajo mi punto de vista, de la más mezquina de las condiciones del ser humano. De ella se desencadenan ejércitos de sentimientos perversos y cobardes que arrasan como el fuego allá por donde pasan. La envidia ejerce un poder de atracción destructor mucho mayor en aquel que la alimenta que en quien la padece, anhela el aplauso ajeno, mira a través de un cristal oscuro, se enrosca y se esconde tras una sonrisa falsa, un deseo fingido y un abrazo hipócrita que, al contrario de lo que parece, sólo querría asfixiar a su víctima.
Las personas que la sufren en su interior, sus portadores activos, parten de una insatisfacción, alterna o continua, que ceban con el deseo enfermizo del fracaso de los demás. Querrían ser como ellos, como aquellos a los que envidian, y sin embargo trabajan absurda e inconscientemente en su propia destrucción. 

Y yo me pregunto ¿Por qué son siete? Yo creo que hay más. ¿Y qué me dicen de la envidia “sana”?  Sería como hablar de la “guerra santa”, de la “fe racional”, de los “ejércitos de paz”, del “génesis apocalíptico” y otros imposibles que se han normalizado usados como expresiones y giros literarios que nos sirven para dar forma a algunas historias de esas que nos han contado alguna vez.




                                                                                                          Pepa Fraile 2013

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Clara, concisa y contundente. Me ha gustado mucho.
Ángeles

Anónimo dijo...

Como me gusta. No se puede ser más descriptivo.
Fascinada me has dejado. Que color es ese?
Felicidades!!
Chus

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